L'Escala

Nace en el s. XVI como barrio pescador de Sant Martí d’Empúries, alrededor de un pequeño puerto, entre las playas de Empúries y la de Riells, y pasó a ser capital de municipio en el s. XVIII. L’Escala es y ha sido una villa eminentemente marinera; porque es del mar de donde extraen su tradicional fuente de riqueza: la pesca y la salazón de anchoas.

El Museo de Arqueología de Cataluña-Empúries es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Cataluña. Los griegos se establecieron aquí a principios del s. VI a.C. y, más tarde, los romanos iniciaron la romanización de la península (s. II a.C.) también desde este lugar, no sólo por las razones estratégicas que les brindaba el golf, sino también por la indudable belleza de este enclave. En las ruinas de Empúries se puede visitar la ciudad griega, la ciudad romana y el Museo de Arqueología.

L’Escala ha conservado, a lo largo de los siglos, una industria que le ha dado fama por todo el mundo: la salazón de anchoas. El Museo de la Anchoa y de la Sal muestra la historia de la pesca y de la salazón de pescado azul, desde el s. XVI hasta la actualidad. Se organizan visitas guiadas y rutas, como la dedicada a Víctor Català, la ruta del contrabando en barca, o la visita a la casa de pescadores de Can Cinto para conocer el patrimonio de L’Escala en diferentes idiomas.

La colección privada de motos Vicenç Folgado muestra un conjunto de cosas y objetos de lo más variado, conseguidos a lo largo de los años de una vida deportiva muy intensa por todo el mundo. La colección incluye, además de motos de todas las épocas, coches antiguos, maquetas de trenes y coches en miniatura.

La torre de Montgó fue una torre de defensa contra la piratería para proteger a los pescadores de L’Escala y L’Estartit, hecha construir por el rey Felipe I de Aragón y II de Castilla. En el camino de la torre, en el Corral d’en Lleona, había una villa romana (siglos II-III). En El Pedró, hay otra torre similar que data del s. XVI.

Hay que destacar el lavadero público y el cementerio marino; el blancor de calcio de las casas de pescadores, tan propias del Mediterráneo, se reproduce en los nichos rematados con tímpanos del cementerio marino. El conjunto, declarado monumento en 1974, se enmarca en la arquitectura popular neoclásica y acoge habitantes de L’Escala tan ilustres como la escritora Víctor Català (Caterina Albert i Paradís) o el fotógrafo Josep Esquirol. Las visitas se organizan desde el Museo de la Anchoa y de la Sal.

Es interesante la visita a Sant Martí d’Empúries, una antigua isla poblada desde los siglos IX-VIII a.C. (Bronce final). En el s. VI a.C., comercia con fenicios, púnicos y focenses de Massalia, y a finales de este siglo aparece el nombre de Emporion. Posteriormente la población autóctona (iberos indiquetes) y de mercaderes greco-focenses se instala en tierra firme y nace el gran puerto de Empúries, que abastecería como puertos subsidiarios el de L’Escala y el de La Clota (s. II). Con un poblamiento ininterrumpido hasta la actualidad, conserva la muralla medieval sobre restos de la ciclópea griega, y la iglesia dedicada a San Martín de 1538, sede de la primera capital del condado de Empúries hasta 1064. Actualmente se conserva como pueblo medieval.

El paseo de Empúries hace de vínculo entre Sant Martí y L’Escala. Se trata de un paseo de 2,5 km que resigue toda la costa y permite gozar de las ruinas de Empúries por un lado, y de unas magníficas dunas, que constituyen las playas de Empúries, por el otro. Las calles y los rincones emblemáticos del núcleo antiguo de L’Escala invitan a adentrarse en la historia de esta villa marinera y a descubrir
aspectos de la arquitectura de años atrás. La casa de pescadores de Can Cinto Xuà (Carrer de la Torre, 35) reproduce con exactitud la escenografía y la vida cotidiana de L’Escala de los siglos XVIII y XIX. Para visitar la casa de pescadores, hay que dirigirse al Museo de la Anchoa y de la Sal.

Por mar, llegaban productos como la sal y diferentes mercaderías que se depositaban en el Alfolí de la Sal (1697), para distribuirlas después a los pueblos del interior. La existencia de un edificio de estas características, los astilleros y el cabotaje permitieron una fuerte expansión económica durante el s. XVIII.

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