Castelló d’Empúries- Empuriabrava

Castelló d’Empúries tuvo su máximo esplendor durante la Edad Media desde que, en el s. XI, los condes de Empúries instalaron allí la residencia y se convirtió en capital del condado.
De esta época datan los edificios del núcleo o barrio monumental, que conserva su aspecto tradicional. En este núcleo podemos encontrar algunas pervivencias del urbanismo antiguo: plazas porticadas, la calle del Bordell, los barrios artesanos y El Call (barrio judío), entre las calles de Sant Pere més Baix y de les Peixateries Velles, que actualmente sólo conserva el trazado urbanístico.

Dada la condición que adquirió la villa de Castelló como capital del condado, desde la primera construcción de la iglesia de Santa Maria se buscó otorgarle la condición de templo de estructura catedralicia. A pesar de los diversos desmejoramientos y destrozas que ha ido sufriendo la estructura arquitectónica de la catedral en las guerras sucesivas, no han acabado nunca los procesos de restauración, que han permitido que hoy se puedan contemplar muestras tan valiosas como las esculturas funerarias del s. XIV, los relieves de la colección de claves de bóveda historiadas y, sobre todo, los excelentes conjuntos de la fachada principal y del retablo del altar mayor, que forman un repertorio de plástica medieval sólo posible en iglesias catedralicias.
Es el segundo monumento religioso de las comarcas de Girona. Este edificio recibió finalmente la categoría de basílica en el año 2006.

La Cúria-Presó era el complejo judicial y penal de la Edad Media que comprendía dos cuerpos edificados. La Cúria, el espacio donde se impartía justicia y la Presó (prisión), donde los condenados ingresaban desde el interior del primer cuerpo edificado. La prisión de Castelló d’Empúries, que ya funcionaba en el s. XIV y que disponía de verdugo, es un modelo singular de una prisión del Antiguo Régimen, estructurada alrededor de un pequeño patio central donde se situaban las oscuras y malsanas celdas, estancias cerradas con una puerta gruesa y con un único punto de claridad que penetraba a través de las pequeñas ventanas rejadas que daban al patio. Los prisioneros dejaron, entre los siglos XVII y XIX, la huella de sus estados anímicos, de sus inquietudes y de sus pensamientos en abundantes grafitos cargados de plasticidad y simbolismo.

El Ecomuseo-Farinera es una fábrica de harinas de finales del s. XIX y de la primera mitad del s. XX. El espacio da a conocer el complejo proceso de transformación del trigo en harina a través de cuatro contenidos temáticos: la evolución del molino harinero en la fábrica de harina, la fuente de energía, el trigo, la harina y el pan, y el proceso productivo.

La Llotja (o casa comunal) o Consolat de Mar fue un símbolo de paz entre el conde Juan de Empúries y el rey Pedro III el Cerimonioso (IV de Aragón). Una majestuosa bóveda con arcadas ojivales corona la gran sala central de este edificio, que pertenece al gótico civil de finales del s. XIV. Hasta hace unos años, ha sido la sede del ayuntamiento de la villa.

La Casa Gran es el edificio gótico civil más bien conservado: de él aún queda el cuerpo delantero. Antes de las destrucciones provocadas por las guerras de la segunda mitad del s. XVII, era como una mansión señorial y ocupaba una superficie bastante superior a la actual.

El Palacio de los Condes o convento de Sant Domènec fue fundado en el año 1317 con el soporte de la villa y de los condes. El Palacio de los Condes se situó extramuros, de forma parecida a los otros que había en aquellos momentos en Castelló. El edificio actual tiene una extensa superficie trapezoidal, con un claustro central, rodeado de cuatro cuerpos, y una iglesia adosada en el lado norte. La iglesia (siglos XVII y XVIII), de estilo barroco de transición al neoclásico, es de planta rectangular, y está dividida en tres naves, separadas por pilares sólidos, cada una con tres capillas, cubiertas
con bóvedas de aristas. Actualmente es la sala de actos municipal.

Paralelo al camino del Rec del Molí se puede contemplar el tramo de la muralla que permanece en mejor estado de conservación. De las ocho puertas de entrada que cerraban el recinto amurallado de la villa condal, el Portal de la Gallarda (s. XIII) es la única que queda. Esta puerta de entrada estaba protegida por las murallas y por un cementerio de agua, conocido actualmente por el Rec del Molí y, a través de un puente levadizo, daba acceso al estanque de Castelló, por donde la leyenda dice que llegaban en barca los monjes del monasterio de Sant Pere de Rodes, para avituallarse. Tanto la puerta como la base de la muralla datan del s. XIII.

El antiguo convento de Sant Agustí, ocupado por frailes agustinos, fue vendido durante la desamortización al conocido político progresista castellonense Enric Climent, que modificó su iglesia, descabezando transversalmente la parte norte, es decir, el ábside y una de las naves laterales, que tenía absidiola y cuatro capillas laterales, para hacer una calle (el Carrer Climent). Más tarde, pasó a manos de la familia Torrecabota, que la adaptó como casa señorial y la habitó hasta hace poco. Actualmente, de la Casa Torrecabota queda la fachada de piedra, con la puerta monumental y el campanario de la iglesia, y forma parte de un establecimiento hotelero.

El convento de Santa Clara (siglos XVII-XVIII), actualmente propiedad del Ayuntamiento, es uno de los primeros conventos fundados por las clarisas en Cataluña, en el año 1260. Inicialmente estuvo emplazado extramuros, en el paraje llamado “Planiol de Santa Clara”, el actual barrio de Ca l’Anton, pero quedó tan estropeado a causa de las guerras de la segunda mitad del s. XVII, que las monjas decidieron transferirlo, al final del mismo siglo, ya dentro del núcleo. Aquí construyeron el edificio actual, que data del 1683 y está formado por una iglesia de una sola nave y, al lado, el convento, con cuatro cuerpos alrededor de un patio porticado que tiene el papel de claustro. Hay un jardín-huerto en la parte posterior, que llega hasta la muralla.

Del Pont Vell (Puente Viejo) (s. XIV) se tienen referencias desde finales del s. XIII, si bien no se terminó hasta bastantes años después. Situado en el antiguo barrio de Sant Marc, dando entrada al camino viejo de Figueres, el Pont Vell es una construcción de piedra y baldosas, con siete arcadas, de forma, altura y luz diferentes, reforzadas por tajamares de sección triangular, que actúan de contrafuertes. Durante siglos fue el único puente sobre el río Muga que unía Castelló con las tierras de más allá del río, hasta que, a finales del s. XIX, en el año 1895 y con motivo del nuevo trazado de la carretera de Figueres a Roses, se inauguró otro, de estructura metálica, sobre voluminosos pilares de piedra, que pasaría a ser denominado Pont Nou (Puente Nuevo).

Dentro del núcleo medieval de Castelló encontramos el Call Jueu (judería). Además de los condes y nobles que, con el soporte de una burguesía menestral convirtieron la villa en capital del condado, había una comunidad que tuvo un papel caudal en este proceso: la comunidad judía, que junto con las de Girona y Besalú, fue una de las más importantes de las tierras de Girona. Los primeros documentos sobre la presencia de la comunidad judía en el condado de Empúries son del s. XI y coinciden con la cronología judía de la ciudad de Girona. Parece que la judería de Castelló estaba situada alrededor de las calles de la Llana, de la Muralla, del Calabró y de Els Jueus. A partir de mediados del s. XIV se produjo un lento descenso de la comunidad, que terminó el 31 de marzo de 1492, cuando los Reyes Católicos firmaron el decreto de expulsión de los judíos en todo el reino.

En la actualidad, Castelló es el tercer lugar de Cataluña donde se han encontrado más estelas funerarias, y donde aún hoy se puede ver la estructura de la sinagoga nueva en la calle de les Peixateries Velles.

Fuera de las antiguas murallas hay el lavadero (siglos XVII-XIX), el antiguo lavadero público de Castelló, actualmente casi en desuso. Representa un lugar idílico y tranquilo donde mana el agua de la acequia en la salida de La Farinera.

La torre Carlina fue construida por el regimiento “Toledo” (s. XIX), destinado a la villa, con el objetivo de fortificarla. Durante el s. XIX, tres guerras civiles asolaron el país debido a un problema de sucesión al trono de España. La primera y, sobre todo, la tercera guerra carlina incidieron plenamente en el municipio, que tenía cuatro torres de defensa en la salida del pueblo. Hoy sólo se conserva una, ya que las otras fueron destruidas cuando Castelló sufrió un ataque muy duro que dejó una marca permanente en la memoria de la gente que lo vivió: fue el conocido Foc de Castelló (Fuego de Castelló).

Empuriabrava: la marina residencial más grande del mundo

Esta marina residencial, situada a 2 km en línea recta de la villa condal, es uno de los enclaves turísticos más extensos y originales del Mediterráneo. Empuriabrava se construyó en el año 1967. Su originalidad radica en la estructura urbanística, basada en una red de canales navegables de más de 30 km en forma de cuadrícula que la atraviesan. Uno de los grandes atractivos de Empuriabrava son las comodidades que ofrecen las viviendas. La mayor parte de ellas tienen jardín, garaje y un acceso privado a los canales, de modo que los propietarios pueden amarrar la embarcación en la entrada.

www.castelloempuriabrava.com

 

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